Yo llegué a un instituto de Barcelona sin entender casi nada de catalán ni de cómo funcionaba la escuela. La aula d’acollida fue el lugar donde, por primera vez, alguien se sentó conmigo, despacio, para explicarme qué estaba pasando.
En este reportaje te cuento, a partir de muchas voces parecidas a la mía, cómo funciona realmente un aula d’acollida, qué recursos existen para el alumnado recién llegado y qué pasa dentro de esas clases donde se mezclan lenguas, miedos y también risas.

Qué es un aula d’acollida cuando entras por primera vez
El primer día casi siempre es raro. Tú llegas con una mochila llena de papeles, quizá un informe médico traducido a medias, y una palabra que se repite en los pasillos: acollida. Acogida. Pero, ¿qué significa, de verdad, cuando eres tú la persona que acaba de llegar?
Para muchos chicos y chicas, el aula d’acollida es el primer espacio donde pueden equivocarse sin miedo: decir una frase en catalán mezclada con árabe, wolof, urdú o castellano, y ver que la profesora no se ríe, solo espera, escucha y reformula.
Texto corregido mínimamente para facilitar la comprensión, respetando la voz original.
Una maestra que lleva años en aulas d’acollida me decía en voz baja, después de clase, que su trabajo es “hacer de puente y, a la vez, apartarse un poco para que la voz de cada estudiante ocupe el centro del aula”. Esa frase resume bastante bien el espíritu de este espacio.
Cómo funciona un aula d’acollida en la práctica
Cada centro organiza su aula d’acollida a su manera, pero cuando escuchas a estudiantes, docentes y familias, aparecen patrones que se repiten. Desde dentro, el funcionamiento se siente así.
Horarios que se mueven entre dos mundos
Normalmente, tú no estás todo el día en el aula d’acollida. Tienes un horario mixto: algunas horas con tu grupo de referencia (la clase “normal”) y otras horas en este espacio más pequeño, donde el grupo es reducido y el ritmo cambia.
- Al principio, puedes pasar muchas más horas en acollida, sobre todo si acabas de llegar y todavía no entiendes la lengua.
- Poco a poco, vas haciendo más asignaturas con tu grupo, cuando ya te sientes un poco más segura o seguro.
- Al final, el aula d’acollida se convierte en un lugar de apoyo puntual: vienes para resolver dudas, reforzar la escritura o simplemente respirar.
Qué se aprende dentro: más que gramática
Desde fuera, a veces se piensa que el aula d’acollida es solo para aprender catalán. Desde dentro, lo que pasa es más complejo: lengua, códigos culturales y emociones se mezclan en cada sesión.
- Catalán y castellano básicos: saludos, preguntas del día a día, cómo pedir ayuda, cómo explicar que te duele la cabeza.
- Lengua académica: el vocabulario que necesitas para entender matemáticas, ciencias, historia.
- Códigos de la escuela: qué significa una reunión con la tutora, cómo se pide una beca de comedor, por qué todo el mundo tiene una agenda.
- Mapas emocionales: hablar de la añoranza, de la rabia, del miedo a suspender sin comprender bien el idioma.
- Relaciones: aprender a mirar al otro, que quizá también llegó hace poco pero de un país diferente, y reconocer algo propio en esa mirada.
- Lenguas de casa: cuando un compañero te enseña a decir “gracias” en su idioma y esa palabra no se corrige, se celebra.
Grupos pequeños, silencios largos
La escena se repite: una mesa grande, diccionarios, móviles usados como traductores, silencios que al principio incomodan y luego se vuelven aliados. En muchos centros, el aula d’acollida tiene entre seis y doce estudiantes, así que la maestra puede detenerse en una frase, en un gesto, en una lágrima que aparece sin aviso.
En palabras de una docente con larga trayectoria en migraciones y convivència, la clave es el tiempo: “El aula d’acollida no es rápida. Es un lugar donde bajar la velocidad para que las personas recién llegadas puedan colocar su historia y su lengua sin pedir perdón por ellas”.
Voces que llegan: primer día, primeras palabras
Cuando hablamos de aulas d’acollida, a veces se olvidan las personas. Aquí, la historia empieza siempre con un cuerpo que entra por la puerta, una lengua que aún no se oye y una carpeta de papeles.
“Yo solo miraba el suelo”
Hay un chico que recuerda así su primer día: “Entré y todos me estaban mirando. Yo solo miraba el suelo porque no sabía qué decir. La profesora me preguntó algo, creo que mi nombre, pero era en catalán y yo no entendí. Una compañera de Marruecos me lo tradujo al oído. Ese momento fue el primero en que pensé: vale, quizá aquí puedo aprender”.

Primeras frases en catalán: cuando el acento también cuenta
El momento de decir la primera frase completa en catalán suele llegar antes de lo que tú imaginas. A veces es en medio de una risa, otras en un ejercicio escrito. La maestra corrige lo justo para que se entienda. El resto se queda tal cual, con tu acento y tus giros.
Ese respeto por la forma en que hablas es parte del trabajo de muchas aulas d’acollida: corregir lo mínimo necesario para que se entienda, sin borrar la voz original. El objetivo no es sonar “perfecto”, sino poder explicar quién eres, de dónde vienes y qué necesitas en esta nueva escuela.
Recursos básicos para alumnado recién llegado
Cuando llegas a un centro nuevo, no solo necesitas clases. Necesitas una red. Aquí aparecen algunos de los recursos más habituales para el alumnado recién llegado que se articulan alrededor del aula d’acollida.
Materiales visuales y multilingües
Diccionarios ilustrados, carteles con pictogramas, cuadernos con instrucciones traducidas a varias lenguas, audios sencillos. Son herramientas que muchas personas describen como “las primeras muletas” para moverse por el nuevo idioma.
- Guías de bienvenida con horarios, normas básicas y nombres de espacios (biblioteca, conserjería, comedor).
- Glosarios de palabras clave de cada asignatura, elaborados a veces por el propio alumnado.
- Murales de lenguas donde cada estudiante escribe una palabra importante en su idioma: casa, madre, mar, futuro.
Alumnado acompañante: no caminar sola
En muchos institutos, el aula d’acollida se coordina con estudiantes que ya llevan tiempo en el centro y hablan varias lenguas. Se convierten en alumnado acompañante, personas que:
- Te enseñan el patio, el comedor, los baños, el lugar donde se hace educación física.
- Te explican, sin manual, cómo se vive realmente en esa escuela: los grupos, los códigos, los espacios donde se puede estar tranquila.
- Te traducen palabras sueltas cuando en clase de matemáticas parece que la pizarra sea un idioma aparte.
Familias y mediación lingüística
El aula d’acollida también suele estar conectada con figuras de mediación lingüística e intercultural que ayudan a las familias a entender documentos, reuniones y comunicaciones escolares.
Cuando la tutora llama a una familia para hablar de la evolución del chico o la chica en el aula d’acollida, a veces aparece una mediadora que escucha, traduce y también explica que la escuela no es un juicio, sino un espacio compartido donde se puede preguntar sin vergüenza.
La lengua catalana: puerta de entrada, no frontera
En Cataluña, el aula d’acollida tiene una tarea clara: acercar el catalán al alumnado recién llegado sin convertirlo en una barrera más. La forma en que se hace esto marca muchas experiencias personales.
Aprender catalán sin perder la lengua de casa
Dentro de estas aulas no solo suena catalán. Se escuchan tamazight, árabe, tagalog, bangla, wolof, rumano… Las docentes que trabajan desde la sociolingüística aplicada insisten en algo: no se trata de sustituir unas lenguas por otras, sino de sumarlas.
Muchas veces, un ejercicio de escritura en catalán empieza con una conversación en tu lengua de origen. Primero cuentas la escena como te sale, luego buscas juntos cómo decirlo en catalán, qué palabras faltan, qué expresiones no tienen traducción exacta.
Bibliotecas escolares que se llenan de acentos
La biblioteca del centro, cuando se coordina bien con el aula d’acollida, puede convertirse en un refugio. Allí aparecen libros en catalán fácil, cómics, cuentos bilingües, álbumes ilustrados donde el texto es corto y la imagen ayuda a sostener la historia.

Sentarte con un libro sencillo en catalán y una libreta al lado para ir anotando palabras nuevas puede ser, en sí mismo, un pequeño ritual de pertenencia.
El aula d’acollida como espacio de memoria y futuro
Si te quedas un rato en un aula d’acollida, fuera del horario habitual, quizá escuches historias que no entran en los currículos oficiales: viajes en barco, cambios de barrio, familias que se quedan atrás, amistades que empiezan en un patio desconocido.
Escenas que se quedan
Una chica cuenta su primera entrevista en catalán para hacer la matrícula. Un chico enseña en el mapa dónde está su pueblo y cómo se escribe el nombre con otra escritura. Otra estudiante recuerda el día que pudo llamar por videollamada a su abuela desde el patio del instituto para enseñarle las montañas que ahora ve desde la ventana.

Muchas de estas escenas quedan grabadas en memoria, pero también en grabadoras y móviles. A veces se convierten en podcasts caseros, vídeos cortos o murales sonoros colgados en los pasillos del centro.
Proyectos que dan voz: del aula al barrio
Algunos institutos y escuelas conectan el aula d’acollida con proyectos de barrio: radios comunitarias, bibliotecas públicas, centros cívicos. Allí, el alumnado recién llegado puede leer textos en voz alta, participar en clubs de lectura o grabar su propia crónica en la lengua que prefiera.
Estos proyectos funcionan como un puente doble: hacia fuera, porque el barrio escucha voces que normalmente quedan escondidas; hacia dentro, porque el alumnado ve que su experiencia tiene un lugar y un tiempo para ser contada sin prisas.
Recomendaciones prácticas para quienes comparten aula con alumnado recién llegado
Si tú ya estabas en la escuela antes y te toca compartir clase con compañeros recién llegados, quizá te preguntas qué puedes hacer sin invadir, sin sobreproteger y sin desaparecer.
Pequeños gestos que cambian el día
- Mirar y nombrar: decir el nombre de la persona, preguntarle cómo se pronuncia bien, repetirlo con cuidado.
- Compartir materiales: ofrecer tus apuntes, explicar con tus palabras un ejercicio que la persona no ha entendido.
- Invitar sin presión: proponer sentarse juntos en el comedor o en el patio, dejando también espacio para que diga que no.
Profesores y profesoras: acompañar sin borrar
Para el profesorado, la presencia de un aula d’acollida en el centro puede ser un apoyo, pero también un recordatorio de que la responsabilidad es compartida. No basta con “derivar” alumnos a ese espacio. Hace falta tejido entre aulas.
Algunas prácticas que muchos centros relatan como útiles son:
- Coordinarse semanalmente entre el profesorado del aula d’acollida y los tutores de grupo.
- Incorporar actividades multilingües en asignaturas generales, para que las lenguas de casa tengan lugar más allá de la acollida.
- Reservar momentos para escuchar cómo se siente el alumnado recién llegado, más allá de las notas.
Cómo se siente todo esto desde dentro
Detrás de los horarios, los materiales y los proyectos, queda siempre una sensación difícil de explicar: la de estar entre dos lugares. En el aula d’acollida se habla mucho de eso, a veces sin nombrarlo directamente.
Hay quien dice que la acollida fue “como una pequeña isla” dentro del instituto. Un sitio donde, por un rato, no era tan grave no entender una consigna, no saber cómo se conjuga un verbo o mezclar tres idiomas en la misma frase.
Luego, poco a poco, esa isla se va uniendo al resto del mapa: te atreves a levantar la mano en ciencias, participas en un debate en castellano y te escapa una palabra en catalán que nadie corrige porque, simplemente, ya forma parte de lo cotidiano.
Preguntas frecuentes sobre aulas d’acollida y alumnado recién llegado
¿Cuánto tiempo puede estar un estudiante en el aula d’acollida?
El tiempo suele adaptarse al ritmo de cada persona. Al principio, puede pasar muchas horas en acollida y, poco a poco, va incorporándose a más asignaturas con su grupo de referencia, manteniendo apoyos puntuales cuando los necesita.
¿En el aula d’acollida solo se trabaja la lengua catalana?
No. El catalán es una pieza central, pero también se trabaja comprensión del castellano, vocabulario académico, normas básicas del centro y espacios para hablar de emociones, miedos y proyectos futuros relacionados con la escuela.
¿Qué papel tienen las familias en el proceso de acollida?
Las familias participan en reuniones, entrevistas iniciales y seguimientos. Muchas veces cuentan con apoyo de mediación lingüística para entender documentos, horarios y decisiones escolares, y pueden compartir preocupaciones y expectativas sobre el proceso educativo.
¿Qué recursos ayudan más al alumnado recién llegado?
Los recursos más valorados suelen ser los grupos pequeños del aula d’acollida, materiales visuales y multilingües, alumnado acompañante que conoce el centro, y una coordinación constante entre tutores, profesorado de acollida y equipos de mediación.
¿Se pierde la lengua de origen al entrar en el aula d’acollida?
El objetivo no es sustituir la lengua de origen, sino sumar nuevas lenguas. Muchas aulas d’acollida integran las lenguas familiares en murales, lecturas y proyectos, y animan al alumnado a mantenerlas vivas en casa y en la comunidad.
¿Qué puede hacer un compañero o compañera de clase para apoyar?
Pequeños gestos como pronunciar bien el nombre, compartir apuntes, explicar un ejercicio con tus palabras o invitar a la persona recién llegada a participar en actividades del grupo pueden marcar una diferencia importante en su día a día.
